Si no sabes mi nombre, ten la seguridad de que tus hijos hablarán de mi en unos años. La 'chica nueva' de McKinley, pero procura no dirigirte a mi de esa manera. Capitana de las porristas. Llegué para quedarme, no tengas dudas.
R: Tu me prestas atención porque me quieres. Estoy segura que lo harás increíble además de que me quedare hipnotizada viéndote, sabes que amo como te queda el traje de cheerio.
Q: Oh vamos no digas eso, todo el mundo te observa a dónde sea que vayas. Espero que salga bien la rutina, hace muchísimo que la practicamos. ¿En serio te gusta como me queda? Lo había olvidado...
Rachel: Luego de besarla y sentir los brazos de Quinn alrededor de su cintura no pudo evitar sentirse como en su hogar de nuevo, sabía que era allí donde quería estar el resto de su vida; entre los brazos de su Quinn. – Creo que tengo una idea porque yo lo he añorado muchísimo más. – susurro mirándola a los ojos, permitiéndose perderse en aquel verde tan profundo del cual era dueña el amor de su vida. iba a subir con ella y su pregunta la tomo desprevenida, una parte de ella se negaba a estar en secreto con Quinn, se decía a si misma que no se merecía eso pero predominaba la parte de su mente y su corazón completo que la amaba y si tenía que conformarse con eso antes de no tener absolutamente nada de ella lo haría. – Será nuestro pequeño secreto. – susurro confirmándole aquello aunque no estuviera del todo segura de ello, solo esperaba poder resistir la tentación de mirarla en el instituto o tener cualquier tipo de acto que evidenciara lo que sentía por ella, le había costado mucho aguantar todo esos meses y creía que en esos momentos que se daba la situación de poder volver a estar juntas quisiera o no la situación se haría un poco más difícil pero confiaba en sus dotes de actuación para poder sobrellevar todo aquel tema sin tener ningún tipo de problema ni con la rubia ni con nadie del lugar.
Quinn: una sonrisa se formó en sus labios al escuchar la respuesta. Conocía a Rachel y sabía de sobra que a la morocha no le gustaría eso de esconderse, pero le hacía muy feliz ver que estaba dispuesta a hacer todo por ella. Sin perder tiempo, le dió un corto beso en los labios y tiró de la muchacha, mientras subía las escaleras lo más rápido que podía. La sensación que nacía en su pecho en esos momentos era difícil de describir: una mezcla de felicidad, incertidumbre y nervios. Se encontró algo perdida en el pasillo del segundo piso, ya que no tenía idea de cuál de todas esas puertas era la de la habitación de Rachel. Se volvió para observarla, sin dejar de sonreír. —¿Me dices por dónde, amor? —preguntó, con un tono de voz más suave y aterciopelado que el que había empleado la última vez. Sea lo que sea que estuvieran a punto de hacer, le gustaba tratarla de forma más delicada en esos aspectos. Se mordió levemente el labio inferior, sin sacar sus ojos de los de la chica en ningún momento.
Rachel: El ver a Quinn de esa manera, con aquel brillo especial en la mirada que solo se lo había visto pocas veces la ayudo a entender que realmente lo que estaban haciendo estaba bien. Tenía sus dudas ya que la felicidad de Quinn al final siempre terminaba siendo lo primero para ella pero aquella mirada que le había dedicado indicaba que la felicidad de la rubia estaba con ella y eso realmente la hacía muy feliz. – No te preocupes, entiendo que tenías un compromiso previo y siempre es bueno terminar las cosas como se debe. – dijo con sinceridad, no agregaría que la esperaría toda la vida de ser necesario. Por lo menos no era lo más indicado de momento aunque por cómo estaba las cosas decirlo sería bien recibido. La quedo mirando a los ojos y poco a poco una sonrisa fue formándose en sus labios, una sonrisa de felicidad y que indicaba a Quinn que todo estaba perfectamente bien entre ellas. – No puedo creer que estés aquí, no puedo creerlo. – dijo contenta mientras de un solo salto se lanzaba hacia los brazos de Quinn, rodeándole el cuello con sus brazos y tirando de ella hacia abajo para conectar sus labios en un beso que había sido esperado por la morena desde la última noche que tuvo el placer de compartir con ella. ya no importaba nada en ese momento, no importaba nada más que el calor de los labios de su rubia, que el amor que se sentían y que el inicio oficial de lo más hermoso que le había pasado en la vida.
Quinn: al ver la hermosa sonrisa de Rachel, no pudo hacer más que devolvérsela. Era como un acto reflejo en su persona, cada vez que la veía sonreír debía hacer o mismo. La felicidad de la morocha era su felicidad, siempre había sido así. Y estos meses la había pasado fatal separada de ella, pero ya no más. Ahora estaban juntas de nuevo, como debía ser. La atrapó entre sus brazos y estaba a punto de responderle cuando se encontró con los labios de la chica. Enseguida le devolvió el beso, pasando uno de sus brazos por su cintura para acercarla más a ella. Pocas cosas la hacían más feliz que los besos de su... ¿novia? No lo sabía, pero en ese instante no le importaba. Ya le pondrían títulos más adelante, ahora quería disfrutar de su compañía y de toda ella. Se separó unos centímetros de ella para poder observarla a los ojos. —No tienes idea de lo que he esperado por este momento Rae, no tienes ni idea —murmuró, sonriendo ampliamente. Le acaricio la mejilla suavemente y deshizo el abrazo, para poder tomarla de la mano y guiarla hacia el cuarto. Antes de poner un pie en el primer escalón, se giró y la miró a los ojos. Había algo de lo que debía estar segura antes de hacer nada. —Será nuestro pequeño secreto, ¿verdad? —preguntó, con el semblante serio. No quería que todo se echara a perder ahora que podía estar juntas.
Rachel: Las mariposas en su estomago estaban cada vez más desesperadas, al punto de que pensaba que literalmente querían salir de su cuerpo porque no era normal que se movieran de aquella manera, ni siquiera era normal sentir mariposas en el estomago pero eso era lo que Quinn le hacía sentir y estaba orgullosa de ello. No podía negar el amor que le tenía, no podía negarse ni siquiera a si misma que era completamente de Quinn y estaba perdida e irremediablemente enamorada de ella. Escucho el timbre y se levanto con rapidez dirigiéndose a la puerta la cual abrió con lentitud ya que no quería parecer una desesperada por más de que literalmente lo estuviera. – Hola Quinn, pasa por favor. – dijo con la voz lo más clara posible mientras abría mas la puerta para dejarla pasar y se hacía a un lado. Los nervios se habían multiplicado en una escala inimaginable y tenía que realmente usar de todo su autocontrol para no tirarse encima de Quinn y besarla como hacía mucho no lo hacía y que realmente lo estaba deseando. Sabía que debía dejar que la rubia marcara el ritmo para que no se sintiera presionada por ella pero había momentos en los que deseaba ser ella quien marcara el ritmo de la relación. La amaba tanto que en esos momentos se daba cuenta que por más que no fuese nada oficial, que Quinn la ocultara si ella lo deseaba siempre estaría a su lado sin importarle siquiera su propio bienestar.
Quinn: cuando la morocha apareció en la puerta, sintió como su corazón se detenía. Era hermosa, perfecta, era todo lo que quería. Y estaba allí, la había estado esperado todo ese tiempo. La rubia también había esperado, y sentía que ahora podrían estar juntas. Por fin volverían a estar juntas. Le dedicó una media sonrisa y entró en la casa. Le sorprendió un poco la actitud distante de Rachel, pero se limitó a no contestar nada. Solo permaneció de pie en el recibidor, observando las fotografías familiares en las paredes, sin saber que decir. —Siento haber tardado —se disculpó, luego de unos segundos.—. Parecía que la práctica no iba a acabar nunca... —. Buscó los ojos de la chica y algo se movió dentro de ella, algo que le recordó al verano y a todos los días que habían pasado juntas. Una sonrisa se asomó a sus labios, y un montón de sentimientos brotaron de su interior. Quería besarla, abrazarla, repetir esa noche hermosa que pasaron juntas... Pero no sentía que fuera lo que Rachel quería en ese momento. La notaba distante. Se mordió el labio con fuerza y la observó de arriba a abajo sin disimulo, para mostrarle sus intenciones y que se diera cuenta de que estaba allí por ella.Todo lo que hacía era por ella, y lo que más quería en el mundo era que las cosas volvieran a ser como antes. Espero que así fuera algún día. Pero por ahora, tendrían que esperar.